TOBOS
Tobos, cosas de Tobos, toberos y toberas.
lunes, 7 de mayo de 2012
domingo, 25 de marzo de 2012
sábado, 17 de marzo de 2012
Vistas desde el Cantero, marzo 2012
Este año ha llovido poco. El campo sin agua no es el campo. Os dejo dos vistas desde el Cantero (Molata).
jueves, 29 de diciembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
LOS FUGAOS XIII
Transcurrieron meses y años y el secreto se mantuvo. Eran años difíciles. Se roturaba cualquier pedazo de tierra que pudiera producir algo. El hambre galopaba sin riendas por aquellos montes. Solamente importaba la supervivencia. los aldeanos, seguían ignorados y despreciados por los que conocían su existencia. Algunas veces, visitados por Los canasteros, gentes que con un canasto a su espaldas bajaban de Santiago a recolectar en las huertas de los cortijos todo lo que podían. La alternativa era el hambre.
Sucede casi siempre que los secretos entre muchos son difíciles de guardar. Cierto día una indiscreción, una palabra de más, que nunca debió ser pronunciada rompió el pacto nunca firmado. Fue involuntaria pero llegó a oídos de los que jamás debieron escucharla. Los pudientes de Santiago, algunos grandes aficionados a la caza, se dejaban caer por aquellas latitudes, donde todavía hoy suele abundar la perdiz. Se pensaba que el tiempo todo lo borra, no fue así. Inmediatamente todos los vecinos tuvieron que declarar en el cuartel. Amenazas y miedos se conjuraron. Colaboración involuntaria contra los que luchaban contra el régimen se convirtió en conducta intolerable y traidora. Otra vez les recordaron que ocupaban el rincón más insignificante del mundo. Todo el dinero recibido de los bandoleros tuvo que ser devuelto. Eran monedas manchadas, que solo pertenecían a su legítimos dueños. Lo comido y lo bebido en aquella noche otoñal corría por cuenta de los vecinos. Y debían quedar agradecidos si las cosas paraban ahí. El miedo de la infortunada noche no tenía precio alguno, no debía ser abonado. Un día cesaron los interrogatorios, las presiones, y los vecinos gozaron de nuevo de su tranquilidad y del olvido del mundo. La tensión había durado más de una año. No pedían nada: seguir vivos era suficiente recompensa. Continuar con la lucha por la supervivencia era ya tarea dura que no necesitaba de otras preocupaciones.
(Continuará)
domingo, 11 de septiembre de 2011
LOS FUGAOS XII
Cuando terminaron de cenar recogieron los bártulos. La noche no debía desperdiciarse: les proporcionaba la seguridad para avanzar y acercarse a su destino apartados de miradas indiscretas. El día era para ocultarse y descansar. Pagaron abundantemente todo lo consumido. Conducta que, como era la primera vez que ocurría, no dejó de sorprender a la abandonada gente de la aldea. Advirtieron a los vecinos de que nada de lo sucedido llegara a oídos de las autoridades. Ni una amenaza, ni un mal gesto diferenciaba a secuestrados y asaltantes. Entre todos los vecinos se juró un pacto de silencio. La tragedia que adivinaron quedó reducida a un simple susto, después de todo no quedaron tan mal parados. Los acontecimientos se resolvieron de la mejor manera posible. Pasó una hora o más antes de que se decidieran a salir a la calle. Fue una de las recomendaciones que les habían hecho. Los nombres de los guerrilleros que estuvieron en las Fontanillas aquella noche son los siguientes: Manuel Pérez Rubiño ,“Pablo el Motrilero”; Enrique Urbano Sánchez, “Fermín”; Miguel Salacedo Cecilia “Gómez”; José Navas Navas ,“José”; Ricardo Martín Castillo, “Viñas” ó “Alejandro”; y Francisco Martín Alonso “Villena”. Se debe señalar que estos seis hombres, después de una travesía de 100 días por la península, consiguieron llegar a Francia.
jueves, 8 de septiembre de 2011
LOS FUGAOS XI
Por turnos comían y bebían. Pan, huevos, embutidos de la matanza, conservados en ollas con aceite, eran devorados por bocas hambientas. El vino, que únicamente se bebía en aquellos tiempos en momentos especiales, también se agotó. Cada cierto tiempo se unía algún nuevo huésped. Las familias y amigos de los pastores, ante la tardanza en regresar de estos, subían en su busca preocupados por lo que pudiera haber sucedido. También eran retenidos. Como tampoco regresaban ni pastores ni rescatadores, nuevos vecinos partían en su busca. Fue una noche de incertidumbre, de malos presagios, para muchos hogares, sobre todo de la aldea de Tobos que era protagonista principal en estas búsquedas infructuosas de sus hijos. Se recuerda lo que pasó con uno de los buscadores: al llegar fue detectado por un centinela que le dio el alto. El guerrillero le preguntó que adónde iba a aquellas horas. El aldeano le contestó que su primo no bajaba y por si le había ocurrido algo grave subió en su busca. Desde que encerró el ganado había tenido tiempo suficiente de bajar a su casa. Sus padres quedaron muy preocupados. El miliciano le contestó: Hace doce años que falto de mi casa y todavía no ha salido nadie a buscarme.
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