domingo, 3 de julio de 2011

LOS FUGAOS VII

Cuando anocheció, los seis hombres decidieron actuar. Ninguno de los confiados vecinos conocía su existencia, la operación estaba resultando perfecta y sería así mucho más sencilla. Miles de fatigas eran su equipaje. Un secuestro del hijo de un señorito les había proporcionado el dinero, que pensaron que sería suficiente para llegar a los Pirineos. Aguardaban muchos kilómetros, muchos silencios de día y fatigantes caminatas de noche. La guardia civil les pisaba los talones. Mientras tuvieran sierra no se lo pondrían fácil. Ya se dijo en la antigüedad que una ardilla podía atravesar la península saltando de árbol en árbol.  Ahora, ellos agradecían vivir en un país montañoso, pensaban alcanzar la frontera camuflándose de sierra en sierra. Contaban con la naturaleza como aliada. No en vano la lucha de guerrillas se había inventado en España, el terreno siempre se mostró favorable para los furtivos. Su paraíso estaba en Francia.

viernes, 25 de marzo de 2011

LOS FUGAOS VI

La cuadrilla  se protegió en la umbría, junto al Majal de la Ceniza, al otro lado del barranco. Escondidos entre los chaparros observaron la vida de los vecinos. Manuel Pérez Rubiño “Pablo el Motrilero”o “Pablo el de Motril”, el jefe de la partida, les pidió a sus compañeros que observaran todos los detalles de la aldea, al anochecer la tomarían. El horno del pan, lugar comunitario conocido por La Cocinilla, había estado todo el día caldeado. Se prometía pan tierno, algo que en su huida por los montes hacía muchas jornadas que no probaban. Una mujer regaba regaba el hortal. Otro vecino bajaba con los mulos ataviados con las serones cardados con el estiércol de la tina. Dejaría las dos cargas en el huerto y echaría un ojo a las cerezas, algunas ya empezaban a pintar. Pronto empezaría la siega   y se había quedado para dar un repaso a los caminos. Los matorrales del camino hacían que el transporte de las mieses, cargadas en las samugues, resultara dificultoso. La trilla y el forraje, que se recogía en otoño. eran la despensa para el ganado y había que aprovisionar los pajares para los crudos inviernos de la zona. Cuando nevaba, el terreno permanecía muchos días cubierto y los animales necesitaban comer. Otros, la mayoría pastores, cuando anocheció, habían encerrado las ovejas y cabras en la tiná del Porcirón, a media hora de allí, y regresaban a sus casas. Las Fontanillas era ruta de paso para pastores que vivían en otras aldeas, principalmente  Tobos, el mayor núcleo y centro de aquel apartado lugar de la Sierra de Segura. (continuará)

sábado, 12 de marzo de 2011

SONETO A TOBOS


Del sol encandilando la solana
luz enciende fragancia del romero,
espejo de matanza es un caldero,
 donde brilla tu figura aldeana.

Diseño  luces de mano artesana
Equilibrio en la pendiente y cantero.
Tu  breve arroyo desciende ligero
Frescura y pureza de su agua mana

El Molatón vigila tus espaldas,
Encarado eterno  con cumbre de Huebras,
hermoso rincón de serranos probos

al que  los pinos forman su guirnalda.
Contemplo tu foto y mi ánimo quiebras
 Vivo y constante  espíritu de Tobos.

martes, 8 de marzo de 2011

TOBOS EN EL ... QUIJOTE

El texto pertenece a El Quijote  apócrifo (Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha) de Alonso Fernández de Avellaneda. Posiblemente el nombre, Bárbara de Villatobos, es el sustituto avellanesco de Dulcinea del Toboso.  Como curiosidad lo dejo, aunque, como diría el ex presidente Calvo Sotelo, sean asuntos distintos y distantes.

sábado, 26 de febrero de 2011

El CÓDIGO POSTAL Y LA LOTERÍA

Ya apenas escribimos cartas. Por si acaso, necesitaríamos conocer el código postal. Pues bien, el código postal de Tobos es 23294. Parece un número de lotería; lo es, en el sorteo de Navidad de 2010 le correspondieron 100 euros al décimo.  Los años en que ha estado más cerca que le toque el gordo han sido: 1814 (23.892), 1861 (23.033), 1971 ( 23.238) y 1981 (23.786). Según esto, el 2011 es un buen año para que toque en un veintitrés mil (fijaos en que ha ocurrido en tres años en que terminaban en uno y en que todos los números en que ha tocado tienen dos unos). Son solo simples coincidencias, ¿o no?
  Para recordarlo, yo por lo menos no me lo sé, os ofrezco varias reglas mnemotécnicas:
 23 de febrero del 94.
Un 23 y un 24 y un 9 que da por saco.
De 23 a 29 no van 4.

Ahora os dejo una imagen de La Huelga del colmenar. Os propongo un juego de agudeza visual: tratad de ver el agua del río.

miércoles, 23 de febrero de 2011

LOS FUGAOS V

Caminaban siempre en fila y separados por una distancia de seguridad. Siempre lo hacían por fuera del camino. Cuando salió el sol decidieron descansar, estaban agotados. La inquietud se apoderaba del grupo, en aquellos momentos no sabían todavía si su compañero Salvador Lozano, Martín, que les había abandonado en Sierra Nevada, se había entregado ya a la guardia civil y les había delatado. Una de las pocas posibilidades de sobrevivir que tenían estos guerrilleros era entregarse y traicionar a sus compañeros. Y todo con mucha suerte, pues la Ley de Fugas[1] se había revitalizado y en muchos casos se aplicó. De hecho, Martín sería colaborador del teniente Prieto, oficial de la guardia civil que se encargaba de la persecución. Afortunadamente para ellos, Martín se entregó el 17 de junio, más de diez días después de que ellos comenzaran su marcha. Les dio una ventaja que a la larga sería decisiva para escapar.
Sus mapas eran precarios, su conocimiento del terreno escaso, por tanto, la casualidad fue la que les llevó a la aldea de las Fontanillas. Y ocultos entre los chaparros vieron la posibilidad de aprovisionarse en el cortijo. (continuará)


[1] La ley de fugas autoriza a las fuerzas de seguridad del Estado a disparar si un prisionero intenta escapar, esta ley ya se había aplicado en el siglo XIX contra el bandolerismo y a principios del XX contra los sindicalistas.  A veces encubrió verdaderos asesinatos sin juicio previo. El insigne escritor Valle Inclán atacará esta práctica en su obra Luces de Bohemia.


viernes, 18 de febrero de 2011

LOS FUGAOS IV

Venían de Huéscar según todos los indicios. El primer planteamiento que procede en esta historia es cómo llegaron a las Fontanillas, aldea, que por su ubicación, no es visible desde lejos.  Estudiando las posibles alternativas, se puede  llegar a algunas conclusiones. En primer lugar, es necesario tener en cuenta  que para llegar al cortijo tuvieron que franquear el pueblo de Santiago: un núcleo habitado (mucha más población que actualmente) y con cuartel de la guardia civil. Por el norte, las aldeas de la Vega son un obstáculo por las miradas indiscretas. Estamos en  el mes de junio, los días son largos y en las huertas se estarían haciendo las faenas agrícolas. Si esquivamos  la Vega y sus aldeas, supondría caminar por la Cañada, nos encontramos con un terreno abrupto que dificultaría la marcha y quizás supusiera alejarnos demasiado del objetivo perseguido. Podemos comprobar en un atlas que si trazamos una línea recta hacia el norte desde Huéscar, inevitablemente pasaría por Santiago o muy cerca. Según las investigaciones de varios historiadores su objetivo era ese, atravesar los Pirineos, es decir, dirigirse siempre hacia el norte. Nos queda la alternativa de esquivar el pueblo por el sur. Sería la más lógica (siempre desde nuestra perspectiva pues este aspecto no ha sido investigado por nadie, que yo sepa). Si este grupo guerrillero conocía la Sierra de Cazorla y también la zona del Pinar y la Puebla de don Fadrique (donde habían realizado un secuestro), seguro que barajaron todas las alternativas. Es necesario advertir de que  los actuales pinares no corresponden a los de la época, ya que muchos proceden de la repoblación (de las fajas, como se conoce por muchos). Conocedores del terreno, la ruta ideal  sería descender por la Losa y por el Pinar,después siguiendo el curso del Zumeta, con la vista de Santiago al frente, dejar el pueblo atrás y buscar la provincia de Albacete. La vegetación sería un aliado para estos hombres furtivos. Sobrevivientes afortunados, muchos de sus compañeros habían sido abatidos por la Benemérita (nombre popular que recibe la guardia civil y que se  oficializa al concedérsele la Cruz de la Benificiencia por orden de 4 de octubre de 1929) . Nada  más dejar Santiago atrás, sin exponerse en Los Collados, zona de escaso bosque y con tierras de labor, cruzarían hacia el norte por los chaparrales de Cuesta grande. Si hubieran bajado más abajo su encuentro normal, por lo menos a él conduce el camino,  hubiera sido el Cortijo del Vado, y estaríamos hablando de otra historia. Recordemos que este camino era el más transitado (era el más corto) para muchos de los habitantes de las aldeas cuando subían a Santiago, tal vez no fuera buena opción seguirlo. Señalemos que en su marcha estaba establecido caminar de noche y ocultarse de día. El día anterior pudieron estar escondidos  entre los pinos, en la provincia de Granada, y observaron los movimientos de la población, a partir de ahí sacaron conclusiones. Sus mapas, los de una enciclopedia de segundo grado, tampoco eran muy precisos, y solo aportaban una idea muy difusa del camino a seguir que confirmaría la Estrella Polar. El norte les guiaba al camino que iba de las Fontanillas a Santiago. Encontraron el que bajaba por el río, lo descartaron (era más transitado y no se dirigía al norte) y ocultos en los chaparrales siguieron hasta encontrar el que bajaba a las Fontanillas.  Lo siguieron, era de noche y es fácil perderse, hasta dar con el cortijo. Por la distancia, más de tres horas de camino desde el punto origen hasta el cortijo, tal vez vieran el cortijo al salir el sol. Las noches en el mes de junio son cortas; no conocían el medio (todos sabemos lo fácil que es perderse de noche) y al cortijo llegaron al anochecer, según los testimonios orales que he podido recoger. Por tanto, la noche de antes caminaron y al divisar el cortijo (posiblemente al ser de día) se ocultaron en los chaparrales del Majal de la Ceniza y esperaron oportunidades para proseguir su camino. Claro, todo esto son especulaciones de un historiador aficionado a la literatura. (continuará)