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domingo, 11 de septiembre de 2011

LOS FUGAOS XII

 Cuando terminaron de cenar recogieron los bártulos. La noche no debía desperdiciarse: les proporcionaba la seguridad para avanzar y acercarse a su destino apartados de miradas indiscretas. El día era para ocultarse y descansar. Pagaron abundantemente todo lo consumido. Conducta que, como era la primera vez que ocurría, no dejó de sorprender a la abandonada gente de la aldea. Advirtieron a los vecinos de que nada de lo sucedido llegara a oídos de las autoridades. Ni una amenaza, ni un mal gesto diferenciaba a secuestrados y asaltantes. Entre todos los vecinos se juró un pacto de silencio. La tragedia que adivinaron quedó reducida a un simple susto, después de todo no quedaron tan mal parados. Los acontecimientos se resolvieron de la mejor manera posible. Pasó una hora o más antes de que se decidieran a salir a la calle. Fue una de las recomendaciones que les habían hecho. Los nombres de los guerrilleros que estuvieron en las Fontanillas aquella noche son los siguientes: Manuel Pérez Rubiño ,“Pablo el Motrilero”; Enrique Urbano Sánchez, “Fermín”;  Miguel Salacedo Cecilia “Gómez”;  José Navas Navas ,“José”; Ricardo Martín Castillo, “Viñas” ó “Alejandro”; y Francisco Martín Alonso “Villena”.  Se debe señalar que estos seis hombres, después de una travesía de 100 días por la península, consiguieron llegar a Francia.

jueves, 8 de septiembre de 2011

LOS FUGAOS XI

Por turnos comían y bebían. Pan, huevos, embutidos de la matanza, conservados en ollas con aceite, eran devorados por bocas hambientas. El vino, que únicamente se bebía en aquellos tiempos en momentos especiales, también se agotó. Cada cierto tiempo se unía algún nuevo huésped. Las familias y amigos de los pastores, ante la tardanza en regresar de estos, subían en su busca preocupados por lo que pudiera haber sucedido. También eran retenidos. Como tampoco regresaban ni pastores ni rescatadores, nuevos vecinos partían en su busca. Fue una noche de incertidumbre, de malos presagios, para muchos hogares, sobre todo de la aldea de Tobos que era protagonista principal en estas búsquedas infructuosas de sus hijos. Se recuerda lo que pasó con uno de los buscadores: al llegar fue detectado por un centinela que le dio el alto. El guerrillero le preguntó que adónde iba a aquellas horas. El aldeano le contestó que su primo no bajaba y por si le había ocurrido algo grave subió en su busca. Desde que encerró el ganado había tenido tiempo suficiente de bajar a su casa. Sus padres quedaron muy preocupados. El miliciano le contestó: Hace doce años que falto de mi casa y todavía no ha salido nadie a buscarme.

lunes, 5 de septiembre de 2011

LOS FUGAOS X


Vestían ropas normales, gastadas por las fatigas de la sierra. Bien armados, con fusil y pistola casi todos y algunas granadas. Todos llevaban mochilas y mantas. Su cama mucha veces estaba sobre la hierba y bajo las estrellas. Mapas para orientarse y localizarse ( un mapa de enciclopedia de segundo grado). La escala la calculaban con un pequeño palote. Rutas trazadas surcando montes El monte como aliado de su esperanza. Caras cansadas, miradas perdidas y desconsoladas, torpemente disimuladas bajo la fuerza que les daba la superioridad de las armas. Los asustados vecinos desconocían sus intenciones. En silencio atendieron a los visitantes y les ofrecieron todo cuanto tenían. No había más alternativas.  Eran conscientes de que ocupaban la parte más baja del mundo, la que corresponde a los que sirven y callan, la que todos contemplan desde arriba. Resignados a su suerte intentaron sobrevivir a aquella situación que les amenazaba. Que ellos no buscaron pero que se había presentado de improviso. No había otra alternativa que no fuera atender a sus invitados.