lunes, 5 de septiembre de 2011

LOS FUGAOS X


Vestían ropas normales, gastadas por las fatigas de la sierra. Bien armados, con fusil y pistola casi todos y algunas granadas. Todos llevaban mochilas y mantas. Su cama mucha veces estaba sobre la hierba y bajo las estrellas. Mapas para orientarse y localizarse ( un mapa de enciclopedia de segundo grado). La escala la calculaban con un pequeño palote. Rutas trazadas surcando montes El monte como aliado de su esperanza. Caras cansadas, miradas perdidas y desconsoladas, torpemente disimuladas bajo la fuerza que les daba la superioridad de las armas. Los asustados vecinos desconocían sus intenciones. En silencio atendieron a los visitantes y les ofrecieron todo cuanto tenían. No había más alternativas.  Eran conscientes de que ocupaban la parte más baja del mundo, la que corresponde a los que sirven y callan, la que todos contemplan desde arriba. Resignados a su suerte intentaron sobrevivir a aquella situación que les amenazaba. Que ellos no buscaron pero que se había presentado de improviso. No había otra alternativa que no fuera atender a sus invitados.

LOS FUGAOS IX


Todos los habitantes fueron reunidos en una casa. Los centinelas iban aportando nuevos miembros al grupo. Pese a la vigilancia hubo quien rompió el cerco y se adentró en la aldea sin ser detenido. Demasiadas sendas y atajos para conocerlas y cubrirlas todas. Los que lo consiguieron, extrañados por no encontrar a nadie, ellos mismos se dirigieron hacía la casa que oficiaba de cárcel provisional. Comprendían demasiado tarde la situación. Las cosas habían cambiado desde que abandonaron sus casas al salir el sol, desde su paso por la aldea aquella mañana. Gente desconocida se les presentaba como una seria amenaza.
(continuará)

domingo, 4 de septiembre de 2011

LOS FUGAOS VIII


Al frente de la partida figuraba un hombre moreno, de mediana estatura, que posiblemente había dejado atrás los cuarenta años. Por sus explicaciones, los testigos dedujeron que fue oficial del derrotado ejército republicano (no era exactamente así, era más bien jefe del maquis que había combatido en Málaga-Granada)). Ordenó que se montara guardia en todos los caminos. Se situaron controles en la ruta que bajaba de la tiná del Porcirón; en la que conducía al Morenal, aldea vecina de la que le separaba una suave loma; en la que guiaba hasta Tobos, la aldea más poblada en aquel tiempo. No se quería dar oportunidad a los delatores. La seguridad era prioritaria y pronto se convencieron de que el caserío estaba totalmente protegido y salvaguardado de posibles intrusiones o salidas. Caminaban por terreno hostil, sus vidas estaban sentenciadas. El mínimo descuido lo echaría todo a perder; la confianza podría costarles cara. Todo lo recorrido de nada les serviría. Gente desarraigada, su futuro siempre era el día siguiente. Vivían en el filo. Se agarraban a la vida con todo lo que podían. En estas circunstancias uno debe ser desconfiado por naturaleza y no dejar nada al azar.
Continuará

domingo, 3 de julio de 2011

LOS FUGAOS VII

Cuando anocheció, los seis hombres decidieron actuar. Ninguno de los confiados vecinos conocía su existencia, la operación estaba resultando perfecta y sería así mucho más sencilla. Miles de fatigas eran su equipaje. Un secuestro del hijo de un señorito les había proporcionado el dinero, que pensaron que sería suficiente para llegar a los Pirineos. Aguardaban muchos kilómetros, muchos silencios de día y fatigantes caminatas de noche. La guardia civil les pisaba los talones. Mientras tuvieran sierra no se lo pondrían fácil. Ya se dijo en la antigüedad que una ardilla podía atravesar la península saltando de árbol en árbol.  Ahora, ellos agradecían vivir en un país montañoso, pensaban alcanzar la frontera camuflándose de sierra en sierra. Contaban con la naturaleza como aliada. No en vano la lucha de guerrillas se había inventado en España, el terreno siempre se mostró favorable para los furtivos. Su paraíso estaba en Francia.

viernes, 25 de marzo de 2011

LOS FUGAOS VI

La cuadrilla  se protegió en la umbría, junto al Majal de la Ceniza, al otro lado del barranco. Escondidos entre los chaparros observaron la vida de los vecinos. Manuel Pérez Rubiño “Pablo el Motrilero”o “Pablo el de Motril”, el jefe de la partida, les pidió a sus compañeros que observaran todos los detalles de la aldea, al anochecer la tomarían. El horno del pan, lugar comunitario conocido por La Cocinilla, había estado todo el día caldeado. Se prometía pan tierno, algo que en su huida por los montes hacía muchas jornadas que no probaban. Una mujer regaba regaba el hortal. Otro vecino bajaba con los mulos ataviados con las serones cardados con el estiércol de la tina. Dejaría las dos cargas en el huerto y echaría un ojo a las cerezas, algunas ya empezaban a pintar. Pronto empezaría la siega   y se había quedado para dar un repaso a los caminos. Los matorrales del camino hacían que el transporte de las mieses, cargadas en las samugues, resultara dificultoso. La trilla y el forraje, que se recogía en otoño. eran la despensa para el ganado y había que aprovisionar los pajares para los crudos inviernos de la zona. Cuando nevaba, el terreno permanecía muchos días cubierto y los animales necesitaban comer. Otros, la mayoría pastores, cuando anocheció, habían encerrado las ovejas y cabras en la tiná del Porcirón, a media hora de allí, y regresaban a sus casas. Las Fontanillas era ruta de paso para pastores que vivían en otras aldeas, principalmente  Tobos, el mayor núcleo y centro de aquel apartado lugar de la Sierra de Segura. (continuará)

sábado, 12 de marzo de 2011

SONETO A TOBOS


Del sol encandilando la solana
luz enciende fragancia del romero,
espejo de matanza es un caldero,
 donde brilla tu figura aldeana.

Diseño  luces de mano artesana
Equilibrio en la pendiente y cantero.
Tu  breve arroyo desciende ligero
Frescura y pureza de su agua mana

El Molatón vigila tus espaldas,
Encarado eterno  con cumbre de Huebras,
hermoso rincón de serranos probos

al que  los pinos forman su guirnalda.
Contemplo tu foto y mi ánimo quiebras
 Vivo y constante  espíritu de Tobos.

martes, 8 de marzo de 2011

TOBOS EN EL ... QUIJOTE

El texto pertenece a El Quijote  apócrifo (Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha) de Alonso Fernández de Avellaneda. Posiblemente el nombre, Bárbara de Villatobos, es el sustituto avellanesco de Dulcinea del Toboso.  Como curiosidad lo dejo, aunque, como diría el ex presidente Calvo Sotelo, sean asuntos distintos y distantes.